Seguimos nuestro estudio del tercer día de la Creación. La lección anterior número 5 se complementa con esta lección no. 6. !Bienvenidos!
1. Estudio Bíblico
Gn 1,10
VAYKRÁ ELOHÍM LAYABASHÁH ÉRETZ ULEMIKVÉH HAMÍM KARÁ YAMÍM VAYÁR ELOHÍM KI-TOB.
En español: "Y llamó Dios a lo seco «tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «mares»; y vio Dios que estaba bien".
En este versículo llama la atención de que Dios los llama "mares" yamín = יַמִּים
pero, acaso no se trata de un solo mar extendido por todo el planeta? Por qué, entonces, Dios le dio un nombre en plural?
Rashí, su libro: "La Torá con Rashí" Bereshit /Génesis pág. 41, comentario no- 60, quiere decir que, aun cuando se trata del mismo cuerpo de agua extendido sobre todo el planeta, es la variedad de peces lo que determina que los mares sean designados en plural con nombres distintos, cada uno, ya que, cada especie se desarrolla según la calidad específica de las aguas de su región. No rechazo este comentario autorizado, sin embargo, me parece que si acudimos a un diccionario bíblico podemos ampliar la idea que Rashí nos presenta. Encontramos que el término se usa para describir:
1. Las grandes masas de agua para distinguirlas de la tierra seca (Gn. 1:22; Sal. 72:8).
2. Las masas específicas de agua:
a. Mar Mediterráneo, llamado en la Biblia el "Mar Grande" (Nm. 34:6; Jos. 9:1) o "mar occidental" (Dt. 11:24).
b. Mar Muerto, llamado en la Biblia el "mar salado" o "mar oriental" (Nm. 34:3; Jl. 2:20; Dt. 3:17).
c. Mar Rojo (Ex. 10:19); d. Mar de Galilea, también llamado Mar de Tiberías y Mar de Cincret (Mt. 4:18; Jn. 6:1; Nm. 34:11); etc.
a. Mar Mediterráneo, llamado en la Biblia el "Mar Grande" (Nm. 34:6; Jos. 9:1) o "mar occidental" (Dt. 11:24).
b. Mar Muerto, llamado en la Biblia el "mar salado" o "mar oriental" (Nm. 34:3; Jl. 2:20; Dt. 3:17).
c. Mar Rojo (Ex. 10:19); d. Mar de Galilea, también llamado Mar de Tiberías y Mar de Cincret (Mt. 4:18; Jn. 6:1; Nm. 34:11); etc.
3. Los ríos grandes o importantes: a. Nilo (ls. 19:5; cf Nah. 3:8); b. Eufrates (Jer. 51:36, 63).
4. En las profecías simbólicas, la gente y las multitudes (Ap. 17:15; cf Dn. 7:2-7, 17). sin embargo es bueno recordar el significado místico del mar según el judaísmo. Hubo un milagro cuyo significado pareciera que no comprendemos. Sabemos que el Mar de los Juncos se dividió, permitiendo que los judíos pasaran, y luego se cerró ahogando a los egipcios. Incluso la Torá nos cuenta de otro milagro que le siguió. Dice "Israel vio a los egipcios muertos en la orilla del mar" (Éxodo 14:30). Si los egipcios se ahogaron en las profundidades del mar, ¿cómo es que todos sus cuerpos terminaron inmediatamente en la playa? Nuestros sabios explican que el mar los arrojó hacia fuera y que eso fue un milagro. ¿Cuál es el profundo significado de la expulsión de los cuerpos egipcios a la playa?
La respuesta radica en el significado místico del mar y de la costa. Hay un salmo que recitamos dramáticamente al unísono en la noche de Rosh Hashaná, el Año Nuevo Judío, y de acuerdo a muchas costumbres también en Iom Kipur, el Día de la Expiación. El salmo comienza diciendo: "La tierra y lo que la llena pertenece a Dios, el mundo y todos sus habitantes, porque Él cimentó el mundo en mares, y lo estableció en ríos" (Salmo 24:1). ¿Por qué hay un "porque"? ¿Qué relación existe entre los mares y ríos con el motivo de que el mundo pertenece a Dios?
Para contestar, necesitamos entender la esencia de las grandes masas de agua del mundo desde una perspectiva judía. En el tercer día de la creación, el cual comenzó con un mundo cubierto de agua, Dios le ordenó a las aguas juntarse en un solo lugar para que la tierra seca pudiese aparecer ( Cf. Gn 1:9). La dinámica que existía hasta el inicio del tercer día, explican los místicos, continúa hasta el presente; a pesar de que en el mundo hay continentes e islas, las fuerzas naturales del mar anhelan cubrir el planeta nuevamente. Sin trabas, ellas inundarían el mundo con una furia desenfrenada. Abrumados con nuevas estadísticas amenazantes sobre el calentamiento global, todos sabemos lo que podría suceder si la temperatura aumentara sólo una pequeña cantidad. Solamente Noé, su familia, y los animales a bordo del arca sobrevivieron la última vez que el mundo estuvo cubierto de agua.
¿Qué es lo que sostiene a las aguas para que no se desborden? ¿Qué es lo que previene que el mundo se inunde? El borde del mar, la playa. "Tu pusiste un limite que las aguas no pueden cruzar, y no pueden volver a cubrir la tierra" (Salmo 104:9). Las aguas quieren cubrir la tierra, pero ellas están impedidas de hacerlo. Los sabios nos plantean que la costa, una mera hebra de arena, es un ejemplo de la grandeza de Dios y una indicación de cómo en cada momento Dios salva al mundo de la autodestrucción conteniendo el mar en su límite ( Talmud, Bava Batra, 73a). Es como si cada ola, hasta que se rompe, anunciara que esa es la que inundará el mundo.
De esta manera, el mar proclama el testimonio de la constante participación de Dios en el mundo y Su diaria renovación de la creación. El mundo es Suyo, porque Él lo cimentó en mares y lo estableció en ríos. Él creó un mundo que se autodestruiría si no fuese por Su constante contención del mar. En cada segundo Dios está activamente involucrado en contener las aguas en los ríos y océanos; constantemente está manteniéndolos a raya.
¿Qué es lo que sostiene a las aguas para que no se desborden? ¿Qué es lo que previene que el mundo se inunde? El borde del mar – la playa. "Tu pusiste un limite que las aguas no pueden cruzar, y no pueden volver a cubrir la tierra" (Salmo 104:9). Las aguas quieren cubrir la tierra, pero ellas están impedidas de hacerlo. Los sabios nos plantean que la costa, una mera hebra de arena, es un ejemplo de la grandeza de Dios y una indicación de cómo en cada momento Dios salva al mundo de la autodestrucción conteniendo el mar en su límite (ver Talmud, Bava Batra, 73a). Es como si cada ola, hasta que se rompe, anunciara que esa es la que inundará el mundo.
Los egipcios eran llamados metzar-yam ---Mitzrayim que literalmente significa "limite al mar". Efectivamente, la filosofía egipcia gira en torno a la idea que no existe un límite divino necesario para contener el mar ya que hay uno natural. Ellos sostienen que Dios es irrelevante. El gran Egipto de la antigüedad desapareció hace tiempo, y la nación que vive en esa tierra hoy es completamente diferente.
La respuesta radica en el significado místico del mar y de la costa. Hay un salmo que recitamos dramáticamente al unísono en la noche de Rosh Hashaná, el Año Nuevo Judío, y de acuerdo a muchas costumbres también en Iom Kipur, el Día de la Expiación. El salmo comienza diciendo: "La tierra y lo que la llena pertenece a Dios, el mundo y todos sus habitantes, porque Él cimentó el mundo en mares, y lo estableció en ríos" (Salmo 24:1). ¿Por qué hay un "porque"? ¿Qué relación existe entre los mares y ríos con el motivo de que el mundo pertenece a Dios?
Para contestar, necesitamos entender la esencia de las grandes masas de agua del mundo desde una perspectiva judía. En el tercer día de la creación, el cual comenzó con un mundo cubierto de agua, Dios le ordenó a las aguas juntarse en un solo lugar para que la tierra seca pudiese aparecer ( Cf. Gn 1:9). La dinámica que existía hasta el inicio del tercer día, explican los místicos, continúa hasta el presente; a pesar de que en el mundo hay continentes e islas, las fuerzas naturales del mar anhelan cubrir el planeta nuevamente. Sin trabas, ellas inundarían el mundo con una furia desenfrenada. Abrumados con nuevas estadísticas amenazantes sobre el calentamiento global, todos sabemos lo que podría suceder si la temperatura aumentara sólo una pequeña cantidad. Solamente Noé, su familia, y los animales a bordo del arca sobrevivieron la última vez que el mundo estuvo cubierto de agua.
¿Qué es lo que sostiene a las aguas para que no se desborden? ¿Qué es lo que previene que el mundo se inunde? El borde del mar, la playa. "Tu pusiste un limite que las aguas no pueden cruzar, y no pueden volver a cubrir la tierra" (Salmo 104:9). Las aguas quieren cubrir la tierra, pero ellas están impedidas de hacerlo. Los sabios nos plantean que la costa, una mera hebra de arena, es un ejemplo de la grandeza de Dios y una indicación de cómo en cada momento Dios salva al mundo de la autodestrucción conteniendo el mar en su límite ( Talmud, Bava Batra, 73a). Es como si cada ola, hasta que se rompe, anunciara que esa es la que inundará el mundo.
De esta manera, el mar proclama el testimonio de la constante participación de Dios en el mundo y Su diaria renovación de la creación. El mundo es Suyo, porque Él lo cimentó en mares y lo estableció en ríos. Él creó un mundo que se autodestruiría si no fuese por Su constante contención del mar. En cada segundo Dios está activamente involucrado en contener las aguas en los ríos y océanos; constantemente está manteniéndolos a raya.
¿Qué es lo que sostiene a las aguas para que no se desborden? ¿Qué es lo que previene que el mundo se inunde? El borde del mar – la playa. "Tu pusiste un limite que las aguas no pueden cruzar, y no pueden volver a cubrir la tierra" (Salmo 104:9). Las aguas quieren cubrir la tierra, pero ellas están impedidas de hacerlo. Los sabios nos plantean que la costa, una mera hebra de arena, es un ejemplo de la grandeza de Dios y una indicación de cómo en cada momento Dios salva al mundo de la autodestrucción conteniendo el mar en su límite (ver Talmud, Bava Batra, 73a). Es como si cada ola, hasta que se rompe, anunciara que esa es la que inundará el mundo.
Los egipcios eran llamados metzar-yam ---Mitzrayim que literalmente significa "limite al mar". Efectivamente, la filosofía egipcia gira en torno a la idea que no existe un límite divino necesario para contener el mar ya que hay uno natural. Ellos sostienen que Dios es irrelevante. El gran Egipto de la antigüedad desapareció hace tiempo, y la nación que vive en esa tierra hoy es completamente diferente.
Como conclusión:
Entender, de acuerdo a nuestra capacidad mental, además del significado místico de mares, nos quedamos con que los mares son las grandes masas de agua extendidas por el planeta. Y si ésta expresión se refiere a la gente, a las multitudes, podemos decir que la personas que poblamos este planeta son todas de una sola condición humana, pero el hecho de habitar en diversas zonas ecológicas y culturales, evidentemente nos hace de diversas poblaciones culturas, rasgos, etc., de ahí que hablamos de multitudes en plural. Valga este comentario para profundizar este versículo bíblico del Génesis. Ahora pasemos a estudiar el siguiente versículo de Gn 1, 11-13.

VAYÓMER ELOHÍM TADSHÉ HAÁRETZ DÉSHE ËSEB MAZZRÍÄ ZZÉRÄ ËTZ PERÍÖSEH PERÍ LEMINÓ ASHÉR ZZARÖ-BO ÄL-HAÁRETZ VAIHÍ-JEN
En español: "Dijo Dios: «Produzca la tierra vegetación: hierbas que den semillas y árboles frutales que den fruto, de su especie, con su semilla dentro, sobre la tierra.» Y así fue".
Gn 1,12
VATOTZÉ HAÁRETZ DÉSHE ËSEB MAZZRÍÄ ZZÉRÄ LEMINÉHU VEËTZ ÖSEH-PERÍ ASHÉR ZZARÖ-BO LEMINÉHU VAYÁR ELOHÍM KI-TOB
En español: La tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla, por sus especies, y árboles que dan fruto con la semilla dentro, por sus especies; y vio Dios que estaban bien.
Gn 1.13
VAIHÍ-ËREB VAIHÍ-BÓKER IÓM SHELISHÍ
En español: "Y atardeció y amaneció: día tercero".
Veamos qué significa la vegetación: hierba verde, de plantas con semillas y árboles.
El primer acto fue crear la materia, el segundo acto creativo fue la introducción de la vida, primero vegetal, y luego animal. La creación del mundo vegetal sigue una secuencia natural y lógica después de la aparición de la tierra separada de las aguas. Las plantas creadas en este día se dividen en tres clases: vegetación (criptógama), hierbas, y árboles.
La hierba verde: דֶּשֶׁא – deshé, son los primeros brotes de la tierra, se reproducen por medio de esporas. Es un nombre genérico para todas las hierbas y plantas criptógamas, son plantas sin flores. La segunda clase son las plantas con semilla que siguen una estructura más compleja, tienen la semilla como su característica notable, y son la variedad más amplia de plantas y vegetales de las que nos alimentamos. La semilla contribuiría a mantener las características únicas de cada una de las especies de plantas, así cada planta producirá otra planta semejante, por lo tanto las clases o especies de plantas son fijas.
La misma frase se usa para describir la reproducción perpetua de los animales dentro de sus especies creadas. Por tanto, la teoría de la evolución, que propone la reproducción en nuevas especies que evolucionan de otras especies por adaptación del medio ambiente, es una falsa explicación de los orígenes.
(1 Rey. 7,1-8)
2 Edificó la Casa «Bosque del Líbano», de o cuatro filas de columnas de cedro; había capiteles de cedro sobre las columnas.
3 Había un artesonado de cedro sobre la parte superior de las planchas que estaban sobre las columnas.
4 Había tres filas de ventanas con celosías, 45 en total, quince por cada fila, y una daba frente a la otra tres veces.
5 Todas las puertas y montantes eran cuadrangulares y una daba frente a la otra tres veces.
6 Hizo el Pórtico de las columnas de cincuenta codos de longitud, treinta codos de anchura... con un pórtico por delante.
7 Hizo el Vestíbulo del trono donde administraba justicia, que es el Vestíbulo del Juicio; estaba recubierto de cedro desde el suelo hasta las vigas".
Como vemos los términos de cedros, madera, columna, nos habla de árboles.
En varios lugares, la Torá compara a la persona con un árbol.
“Una persona es como el árbol de un campo…” (Deut. 20,19).
“Porque así como los días de un árbol serán los días de mi pueblo” (Is. 65,22).
“Él será como un árbol plantado cerca del agua…” (Jer 17,8).
El segundo alimento es el agua de lluvia; es absorbida por el suelo y luego – por medio de un elaborado sistema de raíces sube por el tronco, las ramas y las hojas del árbol. Sin agua, el árbol se secaría y moriría.
Para el judío La Torá es comparada con el agua, como dice Moshé: “Que mis enseñanzas caigan como la lluvia” (Deut.. 32:2). Para nosotros como cristianos y contemplativos no es sólo la Torá sino toda la Palabra contenida en la Biblia, por eso es el Hijo de Dios el que descienden del cielo y le brindan alivio a los sedientos. La Palabra de Dios nos da el ánimo y vitalidad al espíritu humano. Una vida basada en la Escritura florecerá con sabiduría y buenas acciones.
Un árbol necesita aire para sobrevivir, ya que éste contiene el oxígeno que necesita para respirar y el dióxido de carbono que necesita para realizar la fotosíntesis. En una atmósfera desbalanceada, el árbol se sofocaría y moriría. La Torá (Gén 2,7) declara que Dios exhaló aliento de vida en el hombre. La palabra hebrea para respiración – neshimá – es la misma que la palabra alma – neshamá. Nuestra fuerza espiritual viene, metafóricamente, por medio del aire y de la respiración.
Un árbol también necesita fuego, luz solar para sobrevivir. La absorción de la energía solar activa el proceso de fotosíntesis, una reacción química que es esencial para el crecimiento y la salud del árbol. Los humanos también necesitamos fuego, calidez para sobrevivir. Ésta es la calidez de la amistad y de la comunidad. es canaliza hacia la formación de una identidad y hacia la realización de determinadas acciones.
Por último, todo árbol necesita tiempo para crecer, así mismo cada uno de nosotros:
El poder de la comunidad está ilustrado en la siguiente historia talmúdica:
"Un anciano estaba plantando un árbol. Una persona joven pasó y preguntó: ¿Qué estás plantando?
Un algarrobo, respondió el hombre.
Tonto, dijo el joven. ¿No sabes que a un algarrobo tarda 70 años en dar frutos?
Eso está bien, dijo el hombre. Al igual que otros plantaron para mí, yo planto para las generaciones futuras.
Bien, con esto terminamos este apartado de la importancia de los árboles desde la reflexión bíblica.
En varios lugares, la Torá compara a la persona con un árbol.
“Una persona es como el árbol de un campo…” (Deut. 20,19).
“Porque así como los días de un árbol serán los días de mi pueblo” (Is. 65,22).
“Él será como un árbol plantado cerca del agua…” (Jer 17,8).
El segundo alimento es el agua de lluvia; es absorbida por el suelo y luego – por medio de un elaborado sistema de raíces sube por el tronco, las ramas y las hojas del árbol. Sin agua, el árbol se secaría y moriría.
Para el judío La Torá es comparada con el agua, como dice Moshé: “Que mis enseñanzas caigan como la lluvia” (Deut.. 32:2). Para nosotros como cristianos y contemplativos no es sólo la Torá sino toda la Palabra contenida en la Biblia, por eso es el Hijo de Dios el que descienden del cielo y le brindan alivio a los sedientos. La Palabra de Dios nos da el ánimo y vitalidad al espíritu humano. Una vida basada en la Escritura florecerá con sabiduría y buenas acciones.
Un árbol necesita aire para sobrevivir, ya que éste contiene el oxígeno que necesita para respirar y el dióxido de carbono que necesita para realizar la fotosíntesis. En una atmósfera desbalanceada, el árbol se sofocaría y moriría. La Torá (Gén 2,7) declara que Dios exhaló aliento de vida en el hombre. La palabra hebrea para respiración – neshimá – es la misma que la palabra alma – neshamá. Nuestra fuerza espiritual viene, metafóricamente, por medio del aire y de la respiración.
Un árbol también necesita fuego, luz solar para sobrevivir. La absorción de la energía solar activa el proceso de fotosíntesis, una reacción química que es esencial para el crecimiento y la salud del árbol. Los humanos también necesitamos fuego, calidez para sobrevivir. Ésta es la calidez de la amistad y de la comunidad. es canaliza hacia la formación de una identidad y hacia la realización de determinadas acciones.
Por último, todo árbol necesita tiempo para crecer, así mismo cada uno de nosotros:
El poder de la comunidad está ilustrado en la siguiente historia talmúdica:
"Un anciano estaba plantando un árbol. Una persona joven pasó y preguntó: ¿Qué estás plantando?
Un algarrobo, respondió el hombre.
Tonto, dijo el joven. ¿No sabes que a un algarrobo tarda 70 años en dar frutos?
Eso está bien, dijo el hombre. Al igual que otros plantaron para mí, yo planto para las generaciones futuras.
Bien, con esto terminamos este apartado de la importancia de los árboles desde la reflexión bíblica.
Reflexionemos:
Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas, Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza. Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie. Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores
para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz. (Cf. FRANCISCO, Encíclica, Laudato Sí, 24 de mayo de 2015, 246).
Trabajo de Investigación: María Josė
1. Para sobrevivir, un árbol necesita los cuatro elementos básicos: tierra, agua, aire y fuego (sol). Los seres humanos también requerimos los mismos elementos básicos. Un árbol necesita estar plantado firmemente en la tierra y hundir sus raíces. Así mismo el ser humano necesita el espacio familiar, de la comunidad para crecer y fortalecerse ante los desafíos imposibles de superar. Un viento fuerte puede arrancar a un árbol. Una persona sola es vulnerable ante las tendencias y las modas, las cuales pueden llevarlo a la desesperanza y a la destrucción.
2. Como estas reflexiones van dedicadas con preferencia a las comunidades monásticas y contemplativas, nosotros tenemos el deber cristiano y religiosos de crear una comunidad que provee un escudo impenetrable, ésta es la tierra en la que podemos ser nosotros mismos, cometer nuestros errores, y seguir siendo aceptados, amados y sustentados.Oremos:
Dios omnipotente, que estás presente en todo el universo y en la más pequeña de tus criaturas, Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe, derrama en nosotros la fuerza de tu amor para que cuidemos la vida y la belleza. Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas sin dañar a nadie. Dios de los pobres, ayúdanos a rescatar a los abandonados y olvidados de esta tierra que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas, para que seamos protectores del mundo y no depredadores
para que sembremos hermosura y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones de los que buscan sólo beneficios a costa de los pobres y de la tierra. Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa, a contemplar admirados, a reconocer que estamos profundamente unidos con todas las criaturas en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días. Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha por la justicia, el amor y la paz. (Cf. FRANCISCO, Encíclica, Laudato Sí, 24 de mayo de 2015, 246).
Trabajo de Investigación: María Josė
Bibliografía
1. Cf. Baron Daniel, El milagro del mar y los Egipcios, en Aishlatino, (5. abril de 2008 ) < https://www.aishlatino.com/h/pes/a/48418862.html> El Rabino Doniel Baron es orador en el Seminario Discovery de Aish HaTorá. Recibió su titulo de abogacía en la Escuela de Leyes de la Universidad de Nueva York (NYU) y ejerció como abogado en la firma Cadwalader, Wickersham & Taft. Actualmente vive en Jerusalem con su esposa e hijos.
2. Cf. Shraga Simmons, El hombre es un árbol, en Aishlatino (19 de enero de 2013). < https://www.aishlatino.com/h/15sh/articulos/ El-Hombre-es-un-Arbol.html>. Shraga Simmons pasó su infancia haciendo 'trekking' en la nieve de Buffalo, Nueva York. Ha trabajado en las áreas de periodismo y relaciones públicas, y actualmente es el Co-Editor de Aish.com en Jerusalem.
3. SHELOMÓ ITZJAKÍ , RASHÍ, La Torá, el Pentateuco, Génesis, Edición Bilingue, Editorial Jerusalem, México, 2001.
4. FRANCISCO, Carta Encíclica Laudato Sí, sobre el cuidado de la casa común, Roma, 24 de mayo de 2015, no.- 246.












